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LA HISTORIA DEL LIENEAGE 2 PARTE III

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1 LA HISTORIA DEL LIENEAGE 2 PARTE III el Dom Abr 20, 2008 3:35 pm

pablogos9

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CAPITULO VII – EL RETORNO AL FUEGO DEL CAMPAMENTO

La extraña pausa en su historia.

Cautivados por el cuento, no nos habíamos movido mientras nos relataba la historia de nuestro mundo. Su voz, aunque suave, penetraba profundo en nuestras cabezas – como si fuera de naturaleza mágica. El mito del que nos había hablado era completamente diferente del que nosotros conocíamos, aun así nadie protestó. Nosotros, los más curtidos guerreros en todas las tierras, estábamos cautivados por este extranjero, nerviosos, incluso temerosos de este mero hombre. Cuando un búho cercano alzo el vuelo nos estremecimos con el repentino batir de sus alas.

El extranjero soltó unas risas, levanto la humeante pipa hasta sus labios, y continuó su historia.

“No desechéis mi historia automáticamente solo porque sea diferente da aquella que conocéis de los dioses. No hay pruebas de que vuestros sacerdotes estén más cercanos a la verdad que un poeta errante. La historia de los dioses es la voluntad de los dioses, no de los humanos. Y así, ¿cómo pueden unos simples sacerdotes conocen la verdad? Oíd de nuevo mientras continuo. Esta es la historia de la tierra después de la desaparición de los dioses. Esta es vuestra propia historia.”

CAPITULO VIII – LAS CONSECUENCIAS –

El mundo cayó en una gran confusión seguida de la repentina desaparición de los gigantes. Acostumbrados al control de los gigantes, los elfos, enanos y humanos se encaraban con la cruda realidad de defenderse por ellos mismos. En lo más alto de este temible nuevo desafío, el mundo en el que vivían presentaba los estragos del impacto del Martillo de la Desesperanza. Muchos murieron durante los desastres que trajo Einhasad, y muchos más murieron en la consiguiente confusión y caos. Las razas de la tierra suplicaron fervientemente a los dioses por la salvación, pero los dioses no respondieron.

Los primeros en tomar control de la situación fueron los elfos, puesto que ellos fueron la raza responsable de la política durante la era de los gigantes. Los elfos tuvieron éxito en la unificación de las razas y continuaron con sus vidas. Pero a medida que pasaba el tiempo, se mostraba evidente que los elfos no tenían las mismas capacidades para controlar la tierra que tenían los gigantes. Los primeros en alzarse ante los elfos fueron los orcos.

“¿Son los elfos mas fuertes que nosotros? ¡No! ¿Tienen los elfos el derecho de dominarnos? ¡No! ¡No podemos consentir que aquellos quienes son mas débiles se atrevan a levantarse sobre nosotros!”

La fuerza militar de los orcos era poderosa y, habiendo vivido solo en paz, los elfos no eran rival para el orgullo y temeridad de los orcos. La mayoría de la tierra se convirtió en territorio orco en un instante y los elfos fueron conducidos a una esquina del continente. Aquí los elfos solicitaron ayuda de los enanos, quienes, con su abundante riqueza y superiores armas, podían tener una posibilidad contra los orcos.

“Raza de la tierra,” lloraron los elfos, “Venid en nuestra ayuda. Las violentas hordas orcas nos persiguen con su absoluto poder. Venid – dejadnos combatir juntos.”

Pero los enanos rechazaron fríamente ayudar a los elfos. Para sus ojos, el mundo había cambiado en favor de los orcos. No había razón para los pragmáticos enanos de unirse con el bando débil. Los elfos se enfurecieron, pero no podían influenciar en su decisión.

Los elfos decidieron entonces conseguir ayuda de la raza del viento – los Arteias. Sus reconocidas habilidades y ataques aéreos serian suficiente ayuda para que los elfos triunfaran sobre los orcos. Una delegación elfa viajó hasta los confines de la tierra buscando la ayuda de los Arteias.

“¡Raza del viento, venid en nuestra ayuda! Los bárbaros orcos nos oprimen con su absoluta fuerza. ¡Dejadnos unirnos y enseñémosles su estupidez!”

Pero, al igual que siempre, los Arteias no estaban interesados en las políticas o guerras de la tierra. Determinaron no tomar parte en ningún bando y esconderse en lo más profundo de las tierras interiores. Los elfos se desesperaron.

“¡Alas, nadie nos ayudará! ¿Es este el final de nuestra raza? ¿Son los sucios orcos quienes tomaran las tierras y reclamarán toda la gloria y la riqueza?”

CAPITULO IX – UNA NUEVA ALIANZA –

Desanimados por los pragmáticos enanos y los neutrales Arteias, los elfos estaban abandonados sin aliados que llevaran a cabo la guerra con los orcos. Abandonados para lamentar su destino, los elfos se sorprendieron con la aparición de un extraño entre sus filas. El extranjero se arrodillo ante el rey elfo, que se acercó para descubrir que el extranjero era un representante de los humanos. El extranjero llevaba una corona hecha con ramas de árboles.

“¿Qué ocurre, líder de los humildes humanos?” pregunto el rey elfo, “¿Vienes a burlarte de nuestra desdicha?”

El humano hizo una reverencia con su cabeza y habló, “No, sabio rey. Venimos a ver si nuestras débiles fuerzas pueden ser de alguna ayuda.”

Los elfos se alegraron, puesto que aunque los humanos eran insensatos y débiles, su gran número podía ser de ayuda en la batalla.

“Muy encomiable por vuestra parte, rey humano,” conformó el rey elfo. “Insignificantes seres podéis ser, pero vuestra devota lealtad y voluntad de sacrificar vuestras vidas por nosotros es admirable. Vamos, adelante a la batalla para la victoria y vosotros ganareis estar directamente entre los elfos.”

El rey humano hizo una gran reverencia ante el rey elfo, y levantando su cabeza, mirando a su homólogo elfo. “Muy noble rey elfo,” dijo, “Nosotros los humanos tenemos una petición que hacer antes de que combatamos por la gloriosa victoria de la raza élfica. Nuestro poder es insuficiente. Nuestros dientes no pueden siquiera arañar la piel de los orcos y nuestras uñas son inútiles frente a sus músculos. Os rogamos, dadnos el poder de enfrentarnos a ellos. Enseñadnos los secretos de vuestra magia.”

Esta atrevida proposición dejo a los elfos furiosos y conmocionados. ¿Enseñarles magia a los humanos? ¡Jamás! Los elfos gestionaron, invocando hechizos para convertir al humano en un montón de ceniza, pero la líder élfica Veora intercedió. Ella sentía que la petición no era amenazante y debía ser honrada. Los humanos eran demasiado débiles y es muy dudoso que ellos pudieran vencer a los orcos sin ayuda. Y con sus mentes inferiores, los humanos no serian ninguna amenaza incluso si fueran capaces de aprender magia. Y así, ella hizo un trato que mas tarde le costaría su vida.

Los humanos absorbieron rápidamente los caminos de la magia, aprendiendo mucho mas rápido de lo que los elfos habían anticipado. Los cuerpos humanos, aunque no eran tan fuertes como los de los orcos, habían sido fortalecidos a través de la labor constante y la lucha interior entre su clase. Eran adeptos con sus manos y podían manejar hábilmente armas y casi cualquier cosa, su número incrementó de forma enorme e impresionante. En un corto periodo de tiempo, la armada humana se convirtió en una fuerza formidable.
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