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1 historia... el Miér Jun 25, 2008 9:18 pm

"Ella salía del teatro, usaba un vestido rojo carmín, ese que ya le había visto y tanto me encantaba. Caminaba sola como siempre, y yo sabía su siguiente parada. Yo la observaba desde el umbral, la oscuridad de un callejón, la soledad de la oscuridad, esa que tanto me agradaba.

Llegó a la taberna, la envidia llenó mi ser al verla entrar e imaginarme tantas miradas agobiadoras que invadirían su hermoso ser. No lo soportaba, el tan solo verlo en mi mente, sabia que esta noche no seria igual, sencillamente no esperaría en ese oscuro callejón a que ella saliera para poder volverla a ver, no esta noche, ¡no!

Al entrar sentí temor, era extraño ver a alguien con mi aspecto entrar a un lugar así, pensé yo. Me dirigí a la barra y tome asiento, la observaba, tan pero tan profundamente que ella sintió mi mirada y nuestros ojos se encontraron. Que sensación tan maravillosa el por fin haberla visto de frente y que ella me observara también, no se si era mi emoción, pero sentí que este momento duró horas. Ella tenía una sonrisa dibujada en su rostro, lo cual me demostró que sentía alegría de haberme visto. Que ilusión, ¿era real?, si, lo es, se que lo es; vi que ella se acercaba a mi, me concentre en sus ojos, para que ella estuviese segura de que deseaba que se acercara mas y mas, que nunca lo dudase; se acerco hasta estar totalmente frente a mi, solo unos centímetros nos separaban, abrió sus labios para decir algo, yo sonriente esperaba sus palabras.

Ella me invitó a bailar, sin pensarlo ni siquiera una vez accedí, sentía su mano en mi espalda, sobre mi chaleco, yo con mi mano en su cintura, y lo mejor, nuestras otras dos manos entrelazadas, yo no escuchaba la música, me concentraba en su respiración, en su cabello, en todo su ser, era como un sueño hecho realidad. Después de varias piezas que danzamos, ella tomándome de la mano me dirigió a una mesa; nos sentamos y ella muy cerca de mi me pregunto si deseo algo de tomar, a lo cual yo le respondí negando con la cabeza, “bien” – dijo – “yo pediré una copa de vino”. Al preguntarme mi nombre notó que yo sencillamente tenía mi mirada perdida en sus ojos, supo que no le respondería; sonrió y bajo la mirada intimidada, yo le dije que por favor no me quitara el privilegio de verla a sus preciosos ojos, que no tenia porque sentir ni vergüenza, ni miedo, sencillamente, yo podría mirarla toda la eternidad. Me dio las gracias, y dijo que era la primera persona que le hablaba tan tiernamente desde que era una niña apenas y eran sus padres quien la trataban así. Me pidió que la acompañara a una habitación en el piso de arriba que ella tenía reservada para únicamente su uso. A lo cual, por supuesto, no pude negarme.

Al llegar a la habitación, me pregunto que si estaba nervioso, si quería alguna bebida para relajarme un poco, porque me notaba tembloroso. “Pero es que como no estarlo” – le dije – “si estoy frente a la mujer más hermosa que he visto, y no paro de pensar en eso”. Se sonrojó y bajo la mirada de nuevo, en ese momento me acerque y le levante el rostro con mi mano, enseguida ella me acerca sus labios y los une con los míos. Que dulzura, como probar el más dulce y delicioso néctar, indescriptible en palabras, versos o canciones. La envolví con mis brazos y la apreté fuerte pero amorosamente, ella me abrazo de una manera muy parecida, pero con timidez diría yo que pude sentir.

Duramos varios minutos en la misma posición besándonos y deslizando nuestros brazos por nuestras espaldas, hasta que ella nos separo, me miró con picardía, y retrocedió unos pasos en dirección a la cama mientras se desabrochaba su vestido rojo carmín. Yo la observaba sin moverme, viendo cada parte de su hermoso cuerpo que me descubría. Al estar completamente desnuda me llamo para que la acompañara en la cama, me quite el sobretodo y me abalancé sobre ella. Empezamos de nuevo a besarnos y yo, mientras la besaba, me recorría su suave y sedosa piel con mis manos. Pero sabía que el momento llegaría. Al pensar en eso, empecé a temblar, a sentir desespero, no quería que llegara, que horripilante tener que recordarlo, saber que llegaría, y que lo único que podía hacer era retrasarlo lo más posible. Ella notó el cambio en mi comportamiento, me pregunto si me sentía bien, yo le asentí con la cabeza, y me dijo que me notaba extraño, que había cambiado de repente; al ella decirme esto, mas nervioso me puse, sabia que era el momento, ya la note diferente, se había arruinado el hermoso momento, ¡maldición!, pensé, mi reacción fue volver a besarla de una manera muy apasionada, ella me correspondió el beso, duramos algunos minutos así hasta que poco a poco fui recorriéndome todo su rostro con mis labios, sus mejillas, su nariz, todo, baje hasta su cuello, sentí su aroma, y ese fue el momento.

Solo sentí la sorpresa que entumeció todo su cuerpo bruscamente, no se quejó, solo dejó que pasara, tal vez, en lo mas profundo de su ser, deseaba que algún día terminara su vida, de cualquier manera, que terminara su sufrimiento, su soledad. El desempeño de su profesión es algo que haría sufrir a cualquier mujer, se que ella no era la excepción. Lo pensaba, lo reflexionaba, mientras sentía su sangre pasar por mis labios, mi boca y mi garganta, me daba esas esperanzas, para no sentir culpabilidad, aunque se que lo que pensé, era lo correcto. Solo continué hasta sentir que ya no quedaba más que tomar y ahí fue cuando vi su cuerpo inerte ante mí, solo le di un último beso en los labios, la cubrí con las cobijas, y le dije, “Adiós”

En la cima de un edificio muy alto cerca de la taberna me encontraba sentado, llorando, desesperado, no era la primera vez, me sucedía en cada ocasión. La soledad, esa maldita soledad, volvía a mi, se había acabado esa ilusión, yo había terminado con ella. Desde que la vi salir de ese teatro con ese hombre supe que ese sería el día, en que todo terminaría. Asesiné a ese hombre porque ese tenía que ser el último bastardo que tuvo la dicha y el placer de compartir con ella, esa hermosa pelirroja, con ese hermoso vestido rojo carmín. Luego me dirigí, a dar un final a esta historia, a esta ilusión que venía viviendo desde casi dos meses antes de ese día.

¡OH luna!, luna hermosa y brillante, luna que me acompañas cada noche. Concédeme otro deseo, tráeme una nueva ilusión, tráeme un nuevo sueño, tráeme un nuevo amor, que me obsesione en todas estas noches de andanza, que me atrape, y luego dame el placer, de sentir que es parte de mi, como siempre me lo has concedido, como ha sido, es y será por toda mi inmortalidad, porque tu, luna, eres mi mas fiel acompañante, siempre estas ahí conmigo, y, esta fría noche de octubre, no ha sido la excepción.

Única testigo de mi vida, mi única amiga, se que me complacerás otra vez, y ya deseo saber como será mi nueva ilusión, mi nueva obsesión, mi nuevo amor, mi nueva victima"

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